¿Cuántas veces sigues sintiéndote mal por algo que ocurrió hace tiempo?

Si ya te sentiste mal en su momento ¿vale la pena recrearlo una y otra vez? ¿Cuántas vueltas hay que darle para empezar a sentirte mejor? ¿Y por cuánto tiempo? Sinceramente pienso que con una sola vez puede ser suficiente. Esto no quiere decir que no sea útil pensar en ello. De hecho si sigues dándole vueltas, probablemente sea porque hay algo que aprender o resolver ahí. Aunque no pierdas de vista que eso en lo que estás pensando, no está ocurriendo ahora.

Nuestra manera de pensar nos roba mucha energía vital. Una buena forma de darnos cuenta, es estar atento a las tensiones del cuerpo. Si hay alguna tensión, hay algún aprendizaje de vida limitado, limitador y limitante. En algún momento uno aprendió a funcionar así. Desde que nacemos recibimos muchísima información de nuestro entorno (familia, colegio, cultura, amigos, etc.), todos estos registros definen mi manera de pensar, sentir y actuar.

Pongo un ejemplo: soy pequeñita, veo un gato y tengo curiosidad, me acerco poco a poco para tocar esa cosa peluda y de pronto oigo un grito fuerte de mi madre: “¡¡No!! Aléjate de él, los gatos son peligrosos, te pueden hacer daño.” El problema es que cada vez que aparece un gato se repite la misma historia. Se llega a tal punto en que con solo ver un gato, ya tendré miedo. “Los gatos son peligrosos” pensaré, y en el mejor de los casos; “no sé por qué, pero no me gustan”. A veces incluso se puede desarrollar una fobia que me paralizará con tan solo pensar en ellos.

Una de mis maneras de trabajar estos funcionamientos, estados o tensiones es revisitarlos desde otra perspectiva. Realmente no sabemos cómo es la realidad, sólo nos manejamos con los registros que hemos guardado de ella. Lo que nos hace sufrir son estos registros y no la realidad en sí.

¿Cuál es el resultado de mi trabajo? Poder reapropiarme de mí mismo. Porque hasta ahora uno esta con su energía vital en las manos de pensamientos que ha aprendido sobre sí mismo. Por ejemplo, si partes del presupuesto de que; “soy débil”, ¿cómo vas a relacionarte con los demás?. Si pienso eso y un día alguien me mira raro, lo primero que se me pasa por la cabeza es: “¿qué estará pensando de mí?, ¿habré hecho algo malo?”.  Si en cambio estoy centrado, pienso: “qué mirada más rara tiene, ¿qué será que está pensando?”. Claro que me influencia lo que hacen los demás, pero una cosa es que me dispare mecanismos de supervivencia y otra dejarlo pasar, eso “no es mío”.

 

Articulo publicado por BenSalut en Circ de Tarragona

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