¿Vemos el vaso medio vacío o medio lleno? ¿Somos optimistas o pesimistas?

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Los optimistas insisten en que vivimos en el mejor de los mundos, mientras que a los pesimistas les preocupa que pueda ser así. Los optimistas se fijan en el lado hermoso o brillante de las cosas y consideran que cada derrota no es más que un retroceso temporal. Cuando se enfrentan a un mala situación, la perciben como un desafío y trabajan muchísimo para darle la vuelta. Esperan un futuro mejor y creen que pueden tener éxito en lo que se propongan hacer. Además, perciben a los otros como si éstos tuvieran una opinión positiva sobre ellos.

Esta clase de actitud hacia la vida conlleva que los optimistas sean, por definición, más felices que los pesimistas. Y ese optimismo da su fruto: las personas que piensan positivamente es más probable que hagan que les sucedan cosas positivas; se enfrentan con más éxito a los acontecimientos estresantes; disfrutan de una buena salud (son menos vulnerables a la enfermedad) y tienen más éxito. Y lo que es más, su optimismo es contagioso. El pensamiento positivo de una persona suscita pensamientos positivos en otras.

Por el contrario, los pesimistas descalifican lo positivo, ya que lo ven todo a través de un filtro negativo. Lamentablemente, ese pesimismo acostumbra a ser, con frecuencia, una profecía que se cumple a sí misma. Para aumentar aún más los efectos negativos, los pesimistas pueden desalentar a los demás con su actitud negativa, con lo que refuerzan su estado mental negativo. Mientras que los optimistas se crean su propio cielo y disfrutan del viaje, lo pesimistas son los arquitectos de su propio infierno, adoptando el papel de torturador. Como creen que los malos acontecimientos son inevitables y duraderos, abandonan la esperanza con facilidad. Experimentan una falta de eficacia para cambiar el curso de los acontecimientos de sus vidas.

No hay duda de que cualquier perspectiva hacia la vida necesita equilibrio. Un exceso de optimismo (sí, existe una cosa así) conduce a que uno se engañe a sí mismo y a actuar de una forma destinada al fracaso, mientras que un pesimismo excesivo conduce a la parálisis. Si vamos a involucrarnos en una toma de decisiones eficaz, necesitamos tener la capacidad de distinguir entre las cosas que podemos controlar y las que no, una distinción que un optimismo saludable intensifica.

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No le tienes que gustar a todo el mundo…

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…No todo el mundo tiene buen gusto

Soy quién decido ser

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Nos cuesta tanto aceptar nuestros errores…

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…porque nos han condicionado de niños a recibir cariño solo por nuestros aciertos.

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Una vida no se desmorona por perder algo…

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…sino por apoyar ahí todo su peso.

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No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos

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No existe una única manera de interpretar algo, el reto esta en ampliar tu punto de vista.

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La ansiedad…

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…es la mente, yendo más deprisa que la vida.
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Sé la persona que tu perro piensa que eres

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Sé la persona que tu perro piensa que eres.
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No soy responsable de las acciones de los demás…

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…pero sí de mis reacciones ante lo que hacen o dejan de hacer.
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Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación…

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…nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos. Viktor Frankl
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La vida es muy corta…

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Para malgastar otro día en guerra contigo mismo.
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Hoy es el mañana que tanto te preocupaba ayer

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¿Cuántas veces sigues sintiéndote mal por algo que ocurrió hace tiempo?

Si ya te sentiste mal en su momento ¿vale la pena recrearlo una y otra vez? ¿Cuántas vueltas hay que darle para empezar a sentirte mejor? ¿Y por cuánto tiempo? Sinceramente pienso que con una sola vez puede ser suficiente. Esto no quiere decir que no sea útil pensar en ello. De hecho si sigues dándole vueltas, probablemente sea porque hay algo que aprender o resolver ahí. Aunque no pierdas de vista que eso en lo que estás pensando, no está ocurriendo ahora.

Nuestra manera de pensar nos roba mucha energía vital. Una buena forma de darnos cuenta, es estar atento a las tensiones del cuerpo. Si hay alguna tensión, hay algún aprendizaje de vida limitado, limitador y limitante. En algún momento uno aprendió a funcionar así. Desde que nacemos recibimos muchísima información de nuestro entorno (familia, colegio, cultura, amigos, etc.), todos estos registros definen mi manera de pensar, sentir y actuar.

Pongo un ejemplo: soy pequeñita, veo un gato y tengo curiosidad, me acerco poco a poco para tocar esa cosa peluda y de pronto oigo un grito fuerte de mi madre: “¡¡No!! Aléjate de él, los gatos son peligrosos, te pueden hacer daño.” El problema es que cada vez que aparece un gato se repite la misma historia. Se llega a tal punto en que con solo ver un gato, ya tendré miedo. “Los gatos son peligrosos” pensaré, y en el mejor de los casos; “no sé por qué, pero no me gustan”. A veces incluso se puede desarrollar una fobia que me paralizará con tan solo pensar en ellos.

Una de mis maneras de trabajar estos funcionamientos, estados o tensiones es revisitarlos desde otra perspectiva. Realmente no sabemos cómo es la realidad, sólo nos manejamos con los registros que hemos guardado de ella. Lo que nos hace sufrir son estos registros y no la realidad en sí.

¿Cuál es el resultado de mi trabajo? Poder reapropiarme de mí mismo. Porque hasta ahora uno esta con su energía vital en las manos de pensamientos que ha aprendido sobre sí mismo. Por ejemplo, si partes del presupuesto de que; “soy débil”, ¿cómo vas a relacionarte con los demás?. Si pienso eso y un día alguien me mira raro, lo primero que se me pasa por la cabeza es: “¿qué estará pensando de mí?, ¿habré hecho algo malo?”.  Si en cambio estoy centrado, pienso: “qué mirada más rara tiene, ¿qué será que está pensando?”. Claro que me influencia lo que hacen los demás, pero una cosa es que me dispare mecanismos de supervivencia y otra dejarlo pasar, eso “no es mío”.

 

Articulo publicado por BenSalut en Circ de Tarragona

¿Cómo protegernos de los pensamientos y sentimientos negativos?

Imagino que recordaréis fácilmente un héroe de la literatura inglesa, Robinson Crusoe. Él ya nos enseñó a protegernos contra los pensamientos y sentimientos negativos. Cuando fue a parar a su isla, indefenso, sin compañeros, sin esperanza de que le salvaran, un sentimiento depresivo le oprimía con fuerza. Pero se dijo a sí mismo; ninguna situación no puede ser tan desesperada como para aturdirse. Así que cogió un lápiz (más bien un trozo de madera del barco naufragado) y escribió lo bueno y malo de su situación.

Malo

Bueno

He ido a parar a una isla y no tengo esperanza de salir de ella

Pero estoy vivo y no me he ahogado como los otros compañeros

He sido escogido entre todas las personas para sufrir una gran infelicidad

Pero he sido escogido entre toda la tripulación para librarme de la muerte

No tengo ropa para vestirme

Pero estoy en una tierra cálida, donde no podría llevar ropa aunque tuviera

¿Se engañaba a sí mismo al pintar de color de rosa su situación? No, porque las dos caras son ciertas. La cuestión es con qué cara lo miramos, y normalmente nos es más útil ver las cosas de manera optimista. Decidirse por la botella medio llena es uno de los remedios más efectivos que hay contra el abatimiento.

La terapia psicológica proporciona ayuda para aprender a reorientar nuestra manera de pensar. Esto puede ser muy útil cuando los modelos de pensamiento negativos ya están muy arraigados a causa de una larga fase de abatimiento. Pero para el uso cotidiano generalmente uno mismo también puede ponerlo en práctica.

¿Cómo abrir los ojos?

Cuando sufrimos abatimiento, nos cae encima una avalancha de pensamientos negativos. A menudo ya estamos tan acostumbrados a estas cadenas de pensamientos que son muy rápidas, casi como un reflejo. Por lo tanto, lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta de están ahí. Tal como hizo Robinson es especialmente efectivo escribir todos nuestros temores y pensamientos negativos en un papel. Nos será mucho más fácil, comprender y comprobar nuestras suposiciones negativas, al verlas por escrito que cuando nos rondan por la cabeza. Lo ideal es escribir estos pensamientos en el mismo momento en que nos damos cuenta. A continuación va bien apuntar lo que contrarresta nuestros temores y pensamientos negativos.

Un ejemplo que suelo poner a mis pacientes es: Nuestro hijo adolescente ha salido de fiesta y ya han pasado tres horas de retraso de su hora límite. No nos ha llamado ni avisado, y al llamar a su móvil está apagado. Pensamientos negativos que podrían pasarnos por la cabeza son: “le puede haber pasado algo”, “tal vez se ha hecho daño y no puede avisarme”, etc.  En este caso otro tipo de pensamientos más positivos o realistas que también podrían haber sucedido serían: “se lo está pasando bien y no se ha dado cuenta de la hora” “tenía ganas de quedarse un rato más y se ha quedado sin batería o no tiene cobertura “, etc.

Nadie debe avergonzarse de tener que apuntar de aquí en adelante sus pensamientos “negativos”. Escribir es sólo una ayuda inicial, al igual que lo son las ruedas supletorias en las bicicletas infantiles. Pronto el control sobre las sensaciones y los pensamientos negativos se convierte en un hábito y somos capaces de dominarlos a los pocos segundos. En la misma medida que aumenta esta habilidad, disminuye también su presencia. Si aun así uno ve que le es muy difícil hacerlo solo, puede contactar con nosotros y le ayudaremos a ver el vaso más lleno o ¡a motivarle para ir a buscar más agua!

Articulo publicado por BenSalut en Circ de Tarragona